
Te encuentras en la bitácora, aunque supongo que ya te habías dado cuenta. Aquí podrás leer un poco sobre mí día a día. Reflexiones y opiniones acerca de temas que levanten algo de interés en mí, o aventurillas que vaya viviendo y que puedan tener algo que contaros.

"Nota: Este relato fué escrito para un concurso. No suelo escribir sobre hombres lobo o elfos, pero las bases de dicho concurso obligaban a ello. ^^"
El sol había desaparecido hacía ya largo rato y era ahora una perfecta luna la que rompía el despejado cielo. Pocas hubieran sido las luces visibles en la ciudad en una noche corriente, pero contrariamente a esto, cientos de antorchas iluminaban todas y cada una de las callejuelas que rodeaban al enorme castillo.
−¡Toma Kyyhkysen! Rápido, cogelo. El pueblo está deseoso de noticias. Sí descubren que a nacido ya, no dudarán en salir detrás de él – exclamó el rey con un visible nerviosismo.
La joven chica se hizo rápido con una manta y envolvió al bebé lo mejor que pudo para ocultarlo sin peligro de ahogarlo. Corrió hacia la puerta y dejando a los monarcas en la habitación, enfilo el pequeño pasillo que llevaba a las escaleras secundarias del edificio. Bajó hasta uno de los sótanos y, utilizando el pasadizo que el soberano le había indicado, abandonó la ciudad.
Nulikka se encontraba de pie junto al montículo de blancas piedras. Cabizbajo, observaba el suelo sin ningún tipo de interés.
−Últimamente te ausentas mucho en este lugar – le susurro Swanin mientras se acercaba proveniente del poblado.
−Siento que aun le debo algo.
−Sólo debes vivir y habrás pagado así su esfuerzo – intentó convencerlo la joven elfo al tiempo que lo abrazaba y le besaba la mejilla con cariño.
−Y tu. ¿Cómo estás? – preguntó el hombre mientras acariciaba la barriga de su esposa.
−Hoy me está matando a patadas, pero lo llevo bien. Cuando salga pienso hacerle pagar por todo lo que me ha hecho – sonrió con un deje pícaro. – Volvamos, la cena estará en breve, mi pequeño lobo.
Juntos descendieron el camino de la montaña, dejando atrás el sepulcro de Kyyhkysen. A Nulikka aun le costaba entender porque los altos elfos blancos le habían permitido convivir con ellos y, más aun, desposar a una de sus hijas.
−Cuantas veces tengo que decírtelo, no creemos en leyendas absurdas – le regaño la chica. Parecía que pudiera leerle el pensamiento.
−Cuentan que rey venido en llena luna, trae consigo la desgracia – exclamó el licántropo.
−Eso es delirante. La desgracia la arrastran los necios que creen en esas tonterías. Nunca dejes que el color de tu sangre guíe tu destino. ¡Y no creas en habladurías!
−No puedo evitarlo, gracias a ellas estoy aquí, y eso nunca lo olvidaré.
−Puede que se convierta en una bonita historia que contar a tu hijo – animó mientras juntaba sus manos a la altura del ombligo. – Es importante que conozca de donde proviene y el porque su padre fue expulsado de su casa y prohibido como rey. Todo por el desgraciado mito que creo el más oscuro de cuantos lobos han gobernado ese reino. Todo porque también él, nació en noche de llena luna.
Nulikka frunció el ceño algo desorientado. Empezaban a asustarle los comentarios sutilmente irónicos que su mujer pronunciaba con mirada juguetona. Entonces se miraron a los ojos y esbozaron una sincera sonrisa cual regalo se prestan los esclavos del amor.
Poco a poco, el otoño dejó paso al invierno y la nieve empezó a cubrir hasta el más mínimo y perdido recoveco de cuantos se escondían en el bosque. Todos, menos el pequeño pueblo, al cual la madre naturaleza resguardaba de las bajas temperaturas. Y allí, juntos, en uno de los árboles más altos de cuantos se divisaban en la zona, se acurrucaban los dos observando el horizonte.
−¿Has decidido ya su nombre? – quiso saber el futuro padre.
−Se llamará Haukka – contestó. – Y será el primer elfo lobo.

