Bitácora: andanzas por mundos extraños

Te encuentras en la bitácora, aunque supongo que ya te habías dado cuenta. Aquí podrás leer un poco sobre mí día a día. Reflexiones y opiniones acerca de temas que levanten algo de interés en mí, o aventurillas que vaya viviendo y que puedan tener algo que contaros.

Entradas en la bitácora

Martes 15
Diciembre
2009

El rey prohibido: Rangaistus

"Nota: Este relato fué escrito para un concurso. No suelo escribir sobre hombres lobo o elfos, pero las bases de dicho concurso obligaban a ello. ^^"

La puerta se cerró dejando de nuevo la inmensa sala sumida en una ligera penumbra. El rey, en su holgado trono, balanceaba su ostentosa copa de vino al tiempo que se dirigía a su consejero.
- Amigo Kotka, podrían tus sabias palabras recordarme el motivo por el cual sigo tus indicaciones y abro la puerta de mi castillo a todos aquellos que vienen a replicarme.
- Mi señor Suden, aunque soy capaz de comprender el enorme esfuerzo que las acciones de hoy le representan, resulta de vital importancia mantener al ciudadano complacido. Son tiempos oscuros para su reinado y los rumores empiezan a expandirse rápidamente. Permitir cuatro palabras a esas personas fortalecerá la confianza de su pueblo y acallará posibles revueltas - susurro Kotka algo temeroso.
- ¿Tiempos oscuros? Menuda tontería. Sólo aquel rey venido al mundo en noche de llena luna, traerá con él oscuridad - sentenció el rey sin dejar de mover su copa. - ¡Que pase el siguiente! A ver que deseo nos pide complacer - dijo con tono burlón.

La enorme ciudad, que antaño respiraba vida por todos y cada uno de sus rincones, mostraba una cara desgraciada que se acrecentaba a cada paso. En un lugar tan grande, siempre habían surgido inocentes mendigos y vagabundos que pedían amablemente un mísero donativo para poder seguir adelante, pero ahora la pobreza se abalanzaba en cada esquina y dificultaba la marcha de cualquiera que recorriera aquellas calles. No obstante, el miedo impedía que se acercarán a él. Claro quedaba con verlo que no provenía de las cercanías. Sus vestimentas, aunque de viajero, no presentaban roturas ni antiguas manchas aun por lavar. Su ritmo, fuerte y decidido, dejaba atrás los rostros boquiabiertos de los pocos que se atrevían a levantar la mirada intentando averiguar quien se escondía debajo de aquella capucha.

El pequeño anciano, sentado en la punta del banco con los pies apenas rozando el suelo, cruzaba y estiraba continuamente las piernas con claras evidencias de nerviosismo.
- Dicen que sólo un rey nacido en llena luna trae consigo la desgracia, eso lo sabe todo el mundo - comentó en voz alta. - Pero el hambre nos estrangula cada duro día que pasa.
La puerta se abrió para dejar paso esta vez a una mujer cuya mirada dejaba entrever pequeños toques de felicidad.
- ¡Vaya! Parece que llegó mi turno - anunció el viejo hombre, dirigiéndose al individuo encapuchado que restaba sólo en el banco. - Ya queda poco amigo, espero no tardar mucho. Seguro que nuestro buen rey tiene una razón que darme.

El ruido que el portón hizo al cerrarse, quedo amortiguado por la extraña expresión de complacencia que mostraba el anciano al salir de la sala a escasos minutos de su entrada, debida probablemente a las vanas promesas de un hombre que, descaradamente, jugaba con sus súbditos.
- ¿Y bien? Sí fuerais tan amable de decirme vuestro nombre y la razón por la cual queréis ser escuchado - invitó el monarca mientras levantaba del vino su perdida mirada, alertado por el suave silbido que las relucientes espadas producían al ser desenvainadas, al unísono, por la docena de soldados que custodiaban la estancia. - ¿Se puede saber como habéis conseguido entrar armado en mi castillo? - Interrogó enojado a la vez que fruncía el ceño. - ¡Depositad vuestra espada en el suelo ahora mismo!
- Mi nombre es Haukka. Y si he venido hasta aquí, es para eliminar la enfermedad que corroe este reino.
- ¿Y cual creé, mi sabía excelencia, que es dicha enfermedad? - demandó el soberano, de nuevo haciendo uso de la mofa.
- El mismo incrédulo que creé gobernarlo - acusó sin inmutarse.
- Sin duda un hombre valiente - sonrió. - Un hombre al que me gustaría verle la cara antes de que mis guardias lo aplasten.
Poco a poco, su rostro se iba descubriendo, mientras con elegancia elevaba la capucha que lo cubría. Su tez se mostraba joven y serena. Su pelo, de raíces blancas, se difuminaba hasta unas puntas negras como la noche dándoles un fugaz semblante a las púas de un pequeño erizo, a la vez que alejaban la atención de unas orejas ligeramente puntiagudas que parecían escuchar incluso el rugir de las nubes en noche de calma.

Las espadas bailaban de un lado para otro a una velocidad vertiginosa. Haukka esquivaba con facilidad cada uno de los ataques que recibía, y contraatacaba con un estilo nunca visto. Era refinado y letal. Sus precisos movimientos no dejaban lugar a dudas, era un elfo blanco, o al menos parte de él. Uno tras otro, sus rivales fueron cayendo sin que nadie pudiera remediarlo, hasta que, finalmente, sólo tres personas quedaron en la sala, antes de que Kotka saliera corriendo movido por el pánico y el horror.
- Pareces un buen guerrero, pero creo que ya he tenido suficiente espectáculo por hoy - amenazó tirando su copa hacía una esquina.
- Sólo aquel nacido en llena luna, traerá la desgracia - exclamó Haukka. - Eso dijeron de mi padre y por ello fue desterrado y prohibido. Por tener la misma sangre que su hermano. Un hermano libre de una absurda leyenda que marco a aquellas buenas personas que, por desgracia, vieron en la llena luna su primera luz, como lo hiciera antes el vil rey capaz de forjar tal disparatada maldición. Un hermano que, pese ha nacer de día, nunca podrá evitar rehuir del licántropo que lleva dentro. Un hermano como tú.
Para entonces Suden ya empezaba a rozar un estado de furia excesivo en un ser humano. Su piel se había oscurecido sutilmente y los ojos mostraban un extraño brillo rojizo. Fugaz, el monarca se abalanzó sobre el joven mestizo que, con gracia, bloqueo las fauces de su tío haciendo uso de la vaina de su espada.

El combate se alargaba y la noche empezaba a caer. El cansancio ya dejaba ver su telaraña, pero los dos guerreros seguían exprimiendo sus fuerzas al máximo. Pese a la seguridad y gran habilidad de Haukka, le resultaba difícil contrarrestar la brutal fuerza de su oponente, el cual ni siquiera se preocupaba de los cortes que recibía de mano del elfo. Parecía que la lucha alcanzaría la mañana cuando un pequeño rallo de luz entro por uno de los pequeños ventanales que, bajo orden del rey, se habían instalado a su llegada al poder.

Fuera, el pueblo dormía sin saber nada de lo que allí estaba ocurriendo. Y Kotka, al parecer, había preferido huir de la ciudad antes que denunciar los hechos. Los golpes y estocadas se sucedían desbocados hasta que Haukka y Suden, en uno de sus forcejeos, fueron tocados por la luz. El rey creció desmesuradamente. El pelo se extendía por todo su cuerpo y sus ojos se tornaron rojos completamente. El elfo, por su parte, vio su piel volverse absolutamente negra. Su cabello brillaba cual llama blanca en la oscuridad. Suden, descontrolado, estiró su afilada garra hacia su contrincante, pero ya nada se podía hacer. Haukka, casi sin inmutarse, giró la muñeca de tal forma que su espada cortó limpiamente el musculado brazo del licántropo. Este, malherido, supo entonces que estaba perdido y, tomando ejemplo de su consejero, huyó. Saltó por encima de lo poco que quedaba del trono. Lanzó la puerta por los aires y corrió tan rápido que ni la brisa nocturna era capaz de alcanzarlo.
- Te encontraré Suden. Y te mataré - juró Haukka.

Viernes 13
Noviembre
2009

"El último engranaje" en la web de Ediciones Versátil

El miércoles me publicaron en la web de ediciones versátil el relato corto "El último engranaje". Aunque hasta hoy no me he dado cuenta porque esta semana he estado bastante liado y no he podido estar pendiente de las noticias diarias.

Aquí os dejo el link:
"El último engranaje" en Ediciones Versátil

Martes 3
Noviembre
2009

Extrañas sensaciones

Hoy ha sido uno de esos días en los que voy para Barcelona por temas de trabajo. La gran mayoría de veces suelo ir pensando en proyectos personales sobre historias a escribir o diseños a realizar, pues no suelo leer mucho en el tren. Me despisto muy rápido y acabo con la mirada perdida en la ventana dándole al coco. Pero algunos días, como hoy, me da por pensar en como eran las cosas antes. Me pasaba prácticamente todos los días en la ciudad condal. Vivía a veinte quilómetros y estudiaba y trabajaba en Barcelona. Siempre pensé que acabaría viviendo allí. Me sentía muy urbanita y me gustaba el movimiento. Por aquel entonces mis ideas se movían en lo que podríamos llamar “la onda”. Un tipo de diseño de vanguardia, con ciertos toques modernotes. Mucha tipografía, colores planos, formas sencillas. Sí, era de esos que se compraban cada mes la Neo2 y ese tipo de cosas.

Pero poco a poco la cosa fue cambiando. Pase a visitar muy a menudo Tarragona. Mi mujer es de allí. Y el hecho de pasar más horas en un sitio algo más calmado, me fue descubriendo un poco el toque menos metropolitano. Eso acentuó que el estilo fashion/moderno que me movía un poco fuera dejando paso al niño que se había ocultado durante los años en Barcelona. Dejé de comprar revistas que no usaba prácticamente para nada y empecé a sentir que la gran ciudad ya no era lo que me agradaba.

Debido a esto, se podría decir que mi forma de diseñar también evolucionó. Pero yo creo que en realidad dejó paso al viejo estilo. A ese niño que se pasaba las horas dibujando y que había olvidado como usar un lápiz.

Es por ello que hoy he tenido una sensación extraña, acentuada quizás por cosas recientes. Me doy cuenta que, pese a que estoy infinitamente emocionado y muy a gusto con mis ideas personales actuales, creo que están demasiado integradas en la fantasía y por desgracia, eso no encaja con el diseño gráfico normal y corriente. La parte mala es que eso es lo que me da de comer. Y es un poco frustrante que me cueste horrores centrarme para hacer un logo o un web corporativa, cuando años atrás lo hubiera hecho en un momento.

Como ya he dicho, estoy a gusto con lo que hago, pero eso sólo sirve para proyectos personales y algún que otro trabajillo que me de total libertad.

De todas formas voy a seguir por este camino, porque es el que realmente me gusta. Y le agradezco mucho a Elena que me haya ayudado a ser más espiritual y abrir más la visión sobre las cosas. Quizás algún día dé sus frutos. Por el momento seguiré como programador, que no hay que ser muy creativo gráfico, basta con ser creativo lógico, y eso aun se me da bien. Y luego a ratos, aprovecharé para trabajos más artísticos y gratificantes, sean o no remunerados.

Buenas noches a todos.

Viernes 2
Octubre
2009

La fortuna del humilde (basado en el universo Guild Wars)

La brisa negada se ausentaba en el ambiente. La extremada temperatura soldaba la armadura a mi piel, y mis botas sufrían el largo desgaste infligido por la roca bajo mis pies, tras numerosos intentos en vano. El precipicio del infierno marcaba sus reglas y yo no conseguía romper sus fuertes barreras.

Un día más, mi voluntad me llevó hasta allí dispuesto a mostrar todos los dientes de una dentadura que poco a poco se iba mellando. De nada servía pedir ayuda a un mundo que siempre me había mostrado la cara del silencio, y por el cual ya había perdido toda esperanza de hermandad.

Pero aquel instante fue diferente. Alguien quiso mi muerte justo en el momento en el que ella pasaba por la zona común. Y entonces, una voz sonó. Un alma que me invitó bajo su protección para, sin ella saberlo, brindarme su ayuda. Largo había sido el viaje de soledad que, por desgracia, arrastraba tras de mí. Viaje que así empezaba una nueva etapa.

Así fue como la conocí. Una gran persona con la que he vivido pocas, pero preciosas experiencias. Con ella he batido al Liche. He dominado a Abbadon. He tenido la oportunidad de luchar junto a su gente. Capaces de ofrecer su mano sin otra recompensa que tu compañía.

Siempre llevaré conmigo la eterna disculpa que les debo por no formar parte de su clan. Una pena que llevo al cuello, y que sólo me libera cuando están a mi lado. Pero sé que pese a ello, aun seguirán ahí.

Viernes 2
Octubre
2009

Las crónicas de Perardieu I (basado en el universo Guild Wars)

Casi son ya cuatro años los que han pasado, pero mis manos aun sonríen cuando el suave tacto de un arco se desliza por sus dedos, pues, ni ellas ni yo, somos capaces de olvidar el camino que antaño recorrimos.

Aun me emociono cuando recuerdo el primer día. El sol se alzaba claro y sereno, marcando la pauta de las nubes al pasar. Frente a mí, se levantaba imponente la gran ciudad de Ascalon, repleta de personas dispuestas a enfrentarse a los mil y un peligros escondidos más allá de sus puertas. Allí, misión tras misión, moviéndome cual cazador de recompensas, iba entrenando mis habilidades a la par que descubría y aprendía otras muchas nuevas. Poco a poco, el terreno era cada vez más familiar, y mi mente iba dibujando un mapa por el cual ya era capaz de moverme con ávida soltura. Pero todo esto no fue más que un pequeño aperitivo. Una etapa de enseñanzas, que en mí se iban acumulando, de forma práctica y ordenada. Así fue como los días fueron pasando, hasta que, finalmente, mis pasos me llevaron frente a las puertas de la Academia.

La Academia se planteaba como la gran prueba final, capaz de juzgar el nivel de un héroe. No obstante, no dejaba de ser un obstáculo más que superar. Una última barrera antes de presentarse al mundo. Un mundo lleno de aventuras. Aventuras, que nunca quise vivir en soledad. Pues es aquí donde la historia se torna más épica y nace de la ilusión un alianza, un sentimiento, un escudo, el Muro Cheddar. Soy seguro al admitir, que nunca hubiera encontrado un compañero de aventuras mejor que Syawn, y que mis mejores momentos los pase luchando a su lado. Juntos aprendimos la esencia y el espíritu. Juntos vivimos cientos de peripecias. Juntos crecimos y juntos, codo con codo, luchamos contra la adversidad.

Ascalon se encontraba en plena decadencia, y duros fueron nuestros primeros pasos. Los Char dominaban prácticamente todo el continente, y sólo algunas ciudades aun se mantenían en pie con las suficientes defensas necesarias para aguantar los continuos ataques. Fue una época dura. Realizamos muchos intentos por contrarrestar la fuerza enemiga. Movimientos estratégicos que debían, al menos, mermar los ejércitos contrarios. Pero, con el paso del tiempo, nuestro espíritu fue muriendo con cada baja. Perdíamos efectivos rápidamente, y con suerte veíamos un día en el cual nuestro terreno no menguara. Esto produjo problemas y disputas internas que fueron rompiendo nuestra estructura. Y así, la poca resistencia que aun podíamos ofrecer, desapareció.

En esos momentos, el exilio se convirtió en la mejor opción, y decidimos marchar. Quizás, con suerte, nuestro continente vecino, Kryta, albergaría la fuerza y el entusiasmo suficientes como para ayudarnos en la guerra contra los Char. No obstante, para llegar allí, aun quedaba un arduo camino. Cruzar las Picoescalofriantes no sería fácil. Las grandes montañas nevadas que dividían en dos Tyria se presentaban como un enemigo natural, y moverse por tan helado terreno escondía peligros quizás mayores que los sufridos hasta el momento.

Pero de como el Muro Cheddar cruzó las Picoescalofriantes, ya hablaremos otro día, pues es una larga historia, de las muchas que aún quedan por contar.


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